La Distancia!
Cuando migras, las millas de distancia te separan y te alejan de tu familia. En algunos casos esa distancia puede ser positiva, sin embargo, en muchos casos, es dolorosa. Mis padres, mis hermanas, la gente que me vio crecer no están aquí, la distancia de las personas que amo, a veces, puede ser difícil de manejar. No estaba preparada para esto. Nadie te cuenta realmente cómo se siente el ser parte de una historia que continúa escribiéndose, pero desde la lejanía.
Recuerdo la primera vez que sentí la magnitud de la separación. Estaba en medio de una llamada telefónica con mi mamá. Hablábamos como siempre, pero en su tono de voz yo podía percibir una ligera tristeza. "Te extraño", me dijo, de forma muy espontánea. Sentí un dolor silencioso y no supe cómo manejarlo. Solo fui capaz de decir lo mismo de vuelta “yo también te extraño mami”. Mis padres no esperaban que las visitas familiares pasaran de ser una costumbre o una decisión sencilla a algo que se tuviese que planificar con meses de antelación.
A veces, me encuentro extrañando profundamente esos momentos simples: hablar con mi mamá en su habitación o con mi papá en el carro, o una charla casual con alguna de mis hermanas. Esos momentos son irreemplazables, pero las videollamadas, aunque no logren sustituir un abrazo real, nos han permitido seguir compartiendo nuestra vida, esos momentos siguen siendo importantes. Mis padres se han acostumbrado a las llamadas, a las largas charlas con sus hijas a través del teléfono. Nunca fue lo que imaginaron, nunca fue lo que soñaron, pero lo aceptaron porque saben que es la única forma de mantenernos conectados.
La distancia no significa olvido ni ausencia, simplemente cambia la forma en que nos conectamos. Esas conversaciones con mi familia, a veces cortas y otras interminables, son una forma de seguir presente en sus vidas, aunque de una manera diferente. Las videollamadas, llamadas de voz, los chats, las fotos enviadas por mensaje, las actualizaciones sobre todo lo que está sucediendo allá en el día a día, se convirtieron en nuestro nuevo "tiempo juntos".
Aquí, mi vida ha tomado un curso diferente, con nuevas responsabilidades que me atan a este nuevo país y con una nueva rutina. Pero las llamadas con mi familia, que a veces se alargan por horas, me hacen sentir conectada.
Es una paradoja extraña: la distancia nos retó a encontrar nuevas formas de conexión, pero también nos ha enseñado a valorar esas conexiones de manera más fuerte. Las relaciones no siempre se construyen en el mismo espacio, ni en el mismo tiempo. A veces, se hacen a través de una pantalla, en una conversación que ni siquiera es necesario que acabe en un "te quiero".
No sé si alguna vez me acostumbraré por completo a la distancia porque no es fácil de llevar. Muchas veces pienso en ese día en el que mis padres dejarán de decir "te extraño" cuando ya no estén en este mundo y sufro profundamente con esto. Pero lo que sé es que, aunque la distancia sigue siendo un reto, la forma en que mi familia y yo nos hemos adaptado a ella es un testamento de lo que el amor puede hacer. Y en este momento, eso es lo que más importa.
